Durante muchos años he estado centrado en el grabado como procedimiento y en unos desarrollos temáticos y estéticos concretos, que excluían en general cualquier forma de introspección narrativa. A partir de 2013 empecé a pintar pequeñas series de acuarelas desde otros parámetros de significación más inconcretos.

A la vez  los referentes estéticos e históricos se desplazaron hacia otros autores: Los universos de Miró, Kandinsky o El Bosco influyen en la concepción compositiva, en el  color y en una narrativa de escenarios de relación social, de encuentros y conversaciones, de momentos de descubrimiento.

La acuarela  aporta inmediatez y una mayor espontaneidad en el desarrollo de la imagen, que no implica un abandono completo del grabado. La mancha del pincel y el agua, el lápiz acuarelable, se unen al rascado del papel y al uso de herramientas del grabado calcográfico.