Todo es política. En un sentido social y genérico es así,somos animales políticos. Pero la política la percibimos como otra cosa, enfrente nuestro, como un conjunto de ideologías que pugnan por tener el poder, como partidos políticos que tratan de imprimir a los hechos una dirección e imponer una interpretación a la realidad social. Como espectadores de la política quizá no nos sentimos concernidos por las pugnas de los partidos, pero cualquier posicionamiento o su ausencia es política.  Una parte de la comunidad artística basa su actividad en lo que podríamos llamar la representación del posicionamiento político, el propio, en forma de activismo, o el ajeno, bien sea como crítica o propaganda.  Como en otros casos, finalmente la actividad política vehiculada a través de la acción artística es representación. Esa representación puede ser una herramienta que desenmascare el uso que desde la ideología se hace de las imágenes y sus mensajes, o puede ser propaganda política, que los artistas prefieren ennoblecer llamándola activismo.

La crítica política y la propaganda están históricamente conectadas en las artes, y en el grabado en particular hay una tradición que podríamos situar en su punto de partida en Callot y Goya, y que a lo largo del siglo XX ha tenido una serie de talleres y grupos de artistas que se han visto a si mismos como agentes del cambio: Posada, el taller de gráfica popular en sus diversas encarnaciones recorriendo América y saltando a Europa, y los continuadores contemporáneos de este, con el tiempo, contradictorio enfoque.

Reúno aquí una serie de grabados de un cierto contenido político, en ocasiones ideología ilustrada, propaganda, en ocasiones comentario sobre la actualidad o sobre determinadas ideologías.