Los políticos están a la altura de la sociedad que los produce. Viéndoles y oyéndoles  en su trabajo podemos observar lo peor de nosotros mismos. Su renuncia a la honestidad, que es una renuncia estructural, explica su conducta, haciéndola coherente en su aparente incoherencia; En la oposición lo que hace el gobierno les parecerá mal; En el gobierno hacen lo que les pareció mal cuando eran oposición, y se justifican poniendo de ejemplo a los gobernantes que en el pasado criticaron. Aquello que prometieron en su programa no lo cumplen, y hacen lo que dijeron que no harían. Esta conducta aparentemente contradictoria se explica si ponemos al descubierto su ética: conseguir el poder, servir a los intereses económicos del partido.

La ideología es una pantalla, el programa un conjunto de engaños propagandísticos.

Los políticos son un modelo de cómo gestionar la doble moral de aparentar hacer lo correcto y hacer lo que realmente importa. Como dijo uno de ellos, estoy en la política para forrarme. Forrarse no es solo un efecto deseable de la política, es también una conducta correcta dentro del campo de poder de la política.

Si en la política la corrupción es cotidiana esto es así porque la sociedad entera también es corrupta. No hay manera de cambiar esta corrupción desde la representación o la crítica. Se puede hacer escarnio, se puede hacer una serie de imágenes como estas, pero la única manera de enfrentar la corrupción política es desde su propio campo de acción. Puede que no necesariamente desde los partidos, pero si desde cualquier estructura equivalente o que se enfrente a la ética que articula el actual sistema de partidos.

Los políticos tienen una responsabilidad mayor que la gente común en lo que está pasando porque su poder es mayor. Su poder es una cesión: No hay que ceder nuestro pequeña parcela de poder sin exigir honradez.  Es fácil de formular, pero de nuevo la única manera de exigir honradez es ejercerla, y ahí nos encontramos con el dilema, la realidad y la tentación.

Quejarse no sirve, votar no sirve, no votar no sirve.

Pongo cara de insecto a los políticos porque me divierte, expreso mi descontento y mi fastidio ante el espectáculo de su corrupción, pero no creo que eso contribuya a cambiar nada.

El cambio cualitativo solo se puede producir abandonando la posición de espectador, renunciando al espectáculo y participando en la construcción de otras estructuras políticas que funcionen desde otros parámetros éticos.

Los políticos actuales nos han de servir como contraejemplos.